Un regalo de la naturaleza con mil matices
Si alguna vez has observado distintos frascos de miel, habrás notado que no todas lucen igual. Algunas son doradas y transparentes, otras más oscuras, casi ámbar, e incluso hay mieles rojizas o blanquecinas.
Esta variedad de colores no es un capricho: es el resultado directo de la floración, el clima, el tipo de suelo y el proceso natural de producción. Cada miel es única porque cada paisaje también lo es.
El papel de las flores en el color de la miel
El néctar de las flores que las abejas recolectan es el principal factor que determina el color final.
- Miel clara: proviene de flores como el romero, el azahar o el trébol. Su sabor suele ser suave y delicado, con un aroma floral ligero.
- Miel ámbar: aparece en mieles de girasol, lavanda o eucalipto, con un gusto más intenso y afrutado.
- Miel oscura: procede de fuentes como el castaño, el brezo o el bosque, donde las abejas obtienen mielatos en lugar de néctar. Es más rica en minerales y antioxidantes, con un sabor fuerte y ligeramente amargo.
Dato curioso: las mieles más claras suelen contener más fructosa, mientras que las oscuras son más ricas en compuestos fenólicos y hierro.

El clima también influye
Las abejas producen miel de forma diferente según el clima:
- En regiones cálidas y secas, el néctar se concentra más, lo que genera mieles más oscuras.
- En zonas frías o húmedas, la miel tiende a ser más clara y líquida.
Incluso una misma colmena puede producir mieles de distintos colores a lo largo del año, dependiendo de la floración disponible en cada temporada.
¿El color cambia con el tiempo?
Sí. La miel natural puede oscurecerse a medida que envejece o si se expone al calor.
Esto no significa que esté en mal estado, sino que ha pasado por un proceso natural de maduración y oxidación.
Consejo: guarda la miel en un lugar fresco, seco y protegido de la luz directa para conservar su color y aroma original.
Conclusión: cada color, una historia
El color de la miel es como una huella natural que revela su origen y su entorno. No hay un tono mejor que otro: cada variedad tiene su encanto, aroma y propiedades.
Así que la próxima vez que veas una miel más clara o más oscura, recuerda: estás observando el reflejo del paisaje, las flores y el trabajo de miles de abejas.

